13.2.10


Y cuando sus labios rozan los míos, experimento un extraño hormigueo, un hormigueo que no he senti-do nunca en tantos años de convivencia, pero no me aparto.
Y, de repente, se produce un milagro: su boca se abre y descubro un paraíso perdido, intacto a pesar del tiempo transcurrido, eterno como las estrellas. Siento el calor' de su cuerpo, y cuando nuestras lenguas se
encuentran, me permito abandonarme, como tantos años atrás.
Cierro los ojos y me transformo en un poderoso barco en aguas turbulentas, fuerte e intrépi-do, y Allie es mi timón. Acaricio con suavidad el contorno de su cara, y le tomo la mano. La beso en los labios, en las mejillas, y oigo su respiración.
—¡Oh, Noah! —susurra—, te he echado de menos.
Otro milagro —¡el mayor de todos!— y soy inca-paz de contener las lágrimas mientras nos elevamos juntos hacia el cielo.
Porque el mundo me parece maravilloso mientras sus dedos buscan los botones de mi camisa y despacio, muy despacio, comienzan a desabrocharlos uno a uno.

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